La Copa ya paso…

baez-hgcYa pasó la Copa ACB y, desde luego, no lo hizo siguiendo el guion que queríamos. La idea que inevitablemente se nos hace fuerte en la cabeza es que la copa es la competición en donde todo puede pasar, pero siempre pasa lo mismo.

La desilusión es normal e inevitable. Si cuando íbamos como “los más flojos” todos nos montábamos alguna película, lo reconociéramos o no, que acababa con Jim levantando el trofeo ¿qué no íbamos a imaginar con el plantillón de este año? Los avisos del mal estado físico de algunos jugadores no eran razón suficiente para desanimarnos. De hecho, nada lo era.

Comentamos, antes de que el balón empezara a botar en Vitoria, que nuestro equipo jugando a buen nivel era un rival temible hasta para el más pintado. Pero no olvidamos tampoco que el rival era igual o superior y que, en ningún caso, esto iba a ser un paseo para nadie, mucho menos en la Copa.

Con lo que no contábamos, al menos nosotros, es con que directamente no jugásemos bien, que volviéramos a los problemas con el tiro exterior y, aún mucho peor, problemas en defensa: canastas fáciles, mil y una segundas oportunidades con innumerables rebotes ofensivo de un Valencia Basket que había ido a la Copa a demostrar un nivel extraordinario.

Lo que peor cuerpo nos dejó, sin duda, es que realmente no tuvimos identidad durante ningún momento del partido. No fuimos la agresiva defensa que nos caracteriza, ni el ataque coral en la que nunca sabes por donde te van a venir los siguientes puntos… Cada vez que Royce O’Neale le daba por ir de “héroe americano”, casi rompiendo el tablero contrario nos preguntábamos ¿a qué estamos jugando?

Cuando el equipo entra en esa dinámica es muy complicado sacarlo. Se suman factores psicológicos con los deportivos; un Valencia que no se relajó ni en el vestuario y aunque tuvimos unos pocos minutos, en los que parecía que podíamos competir, pronto se sofocó el conato de remontada a base de triples de esos que son como un cachetón en un día de mucho frio.

Pero bueno, ya pasó.

A lo que de verdad nos negamos, y esto nadie nos lo puede impedir, es a caer en los dramatismos y expresiones excesivas. Dice el tópico literario que “la pluma puede ser más poderosa que la espada” y siendo esto muy cierto, cabe no andar jugando irresponsablemente con ella, no sea que nos cortemos.

Cuando alguien habla de “fracaso”, “ridículo” y otras palabras similares está llenando de una connotación a lo que ha pasado que, sinceramente, parece excesiva y por mucho. Como en otros tantos campos de la vida, por mucho que los apriorismos y las estadísticas hagan predicciones, el factor humano hace que el resultado sea imprevisible.

Esto no es una ciencia exacta, no es matemáticas, no es geometría, ni siquiera es química… esto, de ajustarse a alguna ciencia (que no lo hace), sería una ciencia social que se caracteriza porque el objeto de estudio son los humanos como individuos en colectivo y como tales, cada uno es de su padre y de su madre, como se suele decir: por tanto, no se pueden esperar que sumen 1+1=2.

¿Por qué suelto toda esta perogrullada? Pues muy sencillo, que aumentes el presupuesto, que crear fichar a los que objetivamente te parecen mejores opciones, los más fuertes, lo más altos y talentosos, no es garantía de éxito en cuanto a una competición deportiva se refiere porque los factores en juego son tan numerosos que simplemente son inabarcables (véase el ejemplo del FC Barcelona este año y muchos otros antes).

Por eso nos resistimos, nos negamos, ¡nos defendemos como gato panza arriba! a hablar de fracaso o similar. Si los jugadores cumplen con su trabajo, entrenan bien y hacen lo que pueden, para nosotros ya está cumplido el objetivo. Los resultados son algo que depende de nosotros y de los rivales (1) que, aunque esta parte se ignora sistemáticamente, hacen el mismo esfuerzo en realizar esa plantilla, lograr a los mejores jugadores posibles, entrenar fuerte y preparar los partidos: ¿Nuestro éxito es siempre su fracaso? ¿Sólo es posible tener éxito o fracasar? ¿No existen grises?

Además, para aquellos que creen que los presupuestos deben garantizar resultados, les recordamos que nos eliminó un equipo con más presupuesto así que ya está, no hay más que hablar ¿no? Si realmente nos creyéramos que esto es así, pasaríamos olímpicamente de ver baloncesto.

Los de Casimiro están haciendo su trabajo. No detectamos problemas de actitud o de entrega. Los resultados habrá que ganárselos en la cancha y con competir con los mejores yo ya estoy más que feliz. Nos preocupa inmensamente ver cómo perdemos la modestia a toda velocidad.

No queremos ver nuestro amado deporte e idolatrado club como una empresa cuya principal y única lógica sea el binomio “inversión – resultados”. Preferimos vivir en términos de entrega, esfuerzo, pasión, competición, emoción, ilusión…


(1) También están las cuestiones que nos gusta llamar “climáticas” posibles errores arbitrales, el calendario, las lesiones…

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