Llegó el verano y se fue Copito

salin

Hoy tengo un poco la sensación de que debería hablar sobre Sasu Salin y su marcha. Copito nos deja y nos damos de bruces, una vez más, ante la pétrea realidad de nuestra posición real en la liga y el baloncesto patrio. Aunque cuando el balón empieza a botar no lo parezca, seguimos a muchísima diferencia de los grandes, lo que nos impide retener a esos jugadores que marcan diferencias. Sasu es de los que “da fundamento” al potaje y ahora lo hará en prados más verdes[i]. Tal vez más de alguno debería retener esta noticia en su memoria para que luego no se le llene la opinión de “exigencias” en los resultados deportivos, olvidando cuál es nuestro lugar natural.

 

Aun teniendo la sensación de que debería hablar de Sasu… realmente, ya no hay mucho más que decir. Hemos dedicado muchos tweets, muchos post y comentarios a valorar lo muchísimo que aporta, cómo lo infravaloran reduciéndole sólo a un “buen triplista” y a que debería haber tenido un puesto garantizado de por vida aquí. Pero la realidad es tozuda y el Gran Canaria no puede pagar los pastizales que otros si. No cabe mucho más que decir.

Hoy día podemos hacer fichajes mucho más sonados. No hace tanto era impensable que siquiera nos sonara mínimamente los jugadores que fichábamos: venían de ligas de segundo nivel o de universidades americanas sin experiencia profesional. Ahora vemos con normalidad que fichemos a jugadores que ya han brillado en la ACB o sobre los que hay unanimidad en intuir un gran futuro. Balvín, Eriksson, Seeley, Planinic… Incluso vimos la llegada de Lester “Bo” McCalebb.

Los que sean mínimamente veteranos en el lugar recordarán la llegada de jugadores como Marcus Goree y James Agustine,  que eran auténticos desconocidos y que según se iban eran estrellas del baloncesto europeo. Ese era nuestro papel, y sigue siéndolo. Vivo ejemplo ha sido el fugaz paso de Roycee O’Neale.

Sasu, por su estilo y talentos, probablemente nunca suene como una estrella a nivel europeo, pero aquellos que presten atención en sus equipos entenderán que, como hemos dicho, Copito es como las papas en el potaje: puede que no sea lo que uno recuerda más, pero es lo que realmente da fundamento.

Como ya dijimos, sólo queda agradecer a Sasu los servicios prestados y seguir adelante.

La plantilla que va tomando forma es ilusionante y genera algunas intrigas: tenemos un base (Oliver), un escolta claro (Seeley) cuatro aleros (McKissic, Eriksson, Rabaseda y PaulÍ), dos ala-pívots (Aguilar y Báez) y tres pívots (Pasečņiks, Balvín y Fisher). Falta un base, presumiblemente, donde se vaya a poner más carne en el asador, y cuando empiece el curso ver quién defiende a los dos rivales cuando descanse Seeley.


[i]Nunca mejor dicho… por lo obvio y por el “verde” simbólico del dinero

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