Uno de los nuestros

Cuando llegamos a estas alturas de la temporada, o para ser precisos, cuando termina el curso, nos enfrentamos al duro periodo de despedirnos de gente que nos ha acompañado durante tiempo… un año, dos, muchos. Siempre es difícil, incluso cuando apenas llevan unos meses como DJ. En nuestra última entrada cumplimos con el decano de los entrenadores españoles. Aíto García Reneses es probablemente la baja más trascendente en lo deportivo pero en lo afectivo, en lo cercano y en el número de recuerdos acumulados en la memoria colectiva del Granca, un rubicundo australiano deja una huella definitiva.

Muchos jugadores visten nuestros colores,  pero no todos se involucran de la misma manera; Brad, porque a nuestra gente le hablamos de tu, fue más allá de lo que un contrato profesional exige. Se veía en su juego y en su forma de relacionarse con los compañeros, pero sobre todo se notaba en su relación con los aficionados —algunos, de los que no pasan desapercibidos, han demostrado que el trato se trabó más fuera que dentro de la cancha—.

En lo deportivo Brad fue un salto de calidad definitivo. Era como Jim Moran en carisma y corazón —no voy a escribir sobre Jimbo para evitar el riesgo de ponerme demasiado pastelero— pero con una calidad en ataque que marcaba diferencias. Un tiro aceptable, capacidad de penetración, de aguantar el contacto sacando faltas y anotando a la vez, fueron marca de la casa, al menos hasta que los malditos scouting y la merma física ocasional diluyó un tanto su aportación anotadora. No la defensiva, esa, la que depende del trabajo, de las ganas y del sacrificio por encima del acierto puntual, nunca falto.

En lo personal; Beth Rosa Newley, su hija, es canaria. ¿Qué puede ser más personal para su familia? Su nacimiento y la anécdota de su irrupción en la segunda mitad triunfal de un partido, recién llegado del Materno-Infantil ya es parte de la historia del Gran Canaria… así que es fácil suponer lo que supone para el bueno de Brad.

Se va uno de los nuestros, otro como Gregorio, como Willie, Berdi, Jim, Víctor o Morton, como lo hará algún día Taph, otro de esos jugadores especiales, no por su juego sino por dar aún más que baloncesto.  Ley de vida, dura, pero ley ineludible.

Brad; ojala nos crucemos en el camino una vez más hermano… a ser posible, aquí, en TU isla.

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